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lunes, 29 de marzo de 2010

ESTE NO ES MI POEMA

No, no es mi poema pues no lo escribí, ni puedo suscribirlo en todas sus partes, pero es una delicia en sí.
Niego que la vida sea fácil, rechazo el olvido y suprimo la última de sus frases.
El anhelo de la canción provoca el vuelo de la imaginación, de la hermosa ensoñación. Y sólo te detesto,...a veces.

Aquí, "THE BLOWER'S DAUGTHER":


Y así es
Justo como dijistes que sería
La vida sigue fácil para mí
La mayor parte del tiempo
Y así es
La historia más corta
Sin amor,sin gloria
Sin un héroe en su cielo

No puedo quitar mis ojos de tí
No puedo quitar mis ojos...
Y así es
Justo como dijiste que debía ser
Ambos olvidaremos la brisa
La mayor parte del tiempo
Y así es
El agua más fria
La hija del agresor
La pupila en la negación.

No puedo quitar mis ojos de tí
No puedo quitar mis ojos...

Dije que te detesto?
Dije que quiero...
dejar todo esto atrás?

No puedo quitar mi mente de tí
No puedo quitar mi mente...
Mi mente... mi mente...
Hasta que encuentre a alguien.

Un consejo, no dejen de degustarla.

jueves, 8 de enero de 2009

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

La imagen de la vicisitud como puente a la fatalidad.
.
La naturaleza del ser humano es enigmática, intrincada como puzzle de piezas infinitas. Adentrarse en ciertos elementos es ardua labor ; todo aspecto se supera en sí mismo y desborda cualquier expectativa de aprehensión , pues añadiendo a su propia complejidad, la propia del entorno, los factores se multiplican y el encaje del puzzle se torna inaccesible.
De la atracción entre humanos en la que rigen elementos ininteligibles y es camino de la pasión que domina a la pareja formada, muchos caminos son los posibles para el porvenir, para un mañana con bases de estabilidad o de ruptura, sometido el futuro a las bases previas y a lo deparable por elementos externos.
La fidelidad como compromiso , tan necesaria como atacable, aliarse debe a la razón, pues el humano, en su esencia es débil ante la seducción, el imán de otro ser interpuesto es tan posible como hondamente doloroso cuando el amor perdura y madura en la pareja formada. El nuevo elemento es el explosivo con espoleta. Las consecuencias son ignotas, dispares...y derraman angustia , suplicio, profunda desolación.
Un tema tan " vivido " es el central de una novela, y de muchas otras, pero la que traigo a colación es, quizás, la más completa leída sobre las relaciones humanas en lo pasional, cuando se produce el cruce de enigmáticas relaciones.
Un químico sueco, allá por el siglo XVIII, llamado Bergmann, realizó un riguroso estudio del comportamiento de los elementos químicos y de las atracciones entre estos , formulando un principio : " Attractionibus electivis ". Cierto es que no podemos extrapolarlo de forma exacta a la antropología, pero un escritor ya en edad madura y con gran habilidad para asimilar la naturaleza del ser y de las ciencias, aplicó el citado principio a determinadas relaciones humanas, denominándolo, " Die Wahlverwandtschaften ", en alemán.
Así nace " Las afinidades electivas " de J.W von Goethe que, a la fecha es una obra de plena actualidad, cuya lectura y estudio supone adentrarse en matices sublimes del alma con profunda filosofía y multitud de aspectos: interrelacciones amorosas, la razón, la moral, los impulsos del corazón.
La " affinitas " de los cuerpos químicos, trasladada al hombre y la mujer. Amor, pasión, renuncia y muerte . Una continua danza en el misterioso círculo de las afinidades. Heridas de honda pasión, que temen sanar y cerrarse, corazones que temen ser felices.

Existen leyes y normas en lo recóndito y camuflado , poseyendo un poder de seducción del que el hombre no puede librarse. El cruce de pasiones entre elementos se resuelve en soledad. La renuncia o la muerte como único fin, lo que se inicia como ejercicio científico termina en tragedia, permaneciendo el enigma químico-moral.

Por la propia natura del ser humano la pasión le impide completar el amor. Si hay amor verdadero, la pasión y la inclinación pasan a un segundo plano. Sólo la consumación puede curar las grandes pasiones, pero desbordaría la naturaleza del hombre al destruir nuestro estado moral. Las pasiones, como enfermedades recurrentes suponen el triunfo del destino sobre la libertad. Al dejarnos mecer por una pasión, nos alejamos del camino de la moral, y esto implica culpa, y la culpa impide reequilibrar las relaciones y sólo la expiación mediante la renuncia permite el reencuentro con la dignidad moral. Nadie es más esclavo que quien se tiene por libre sin serlo.

Y el enigma continúa. Y el hombre es hombre desde el principio. Quizás una clave esté en el obligado equilibrio razón-corazón.
Para afinidades electivas , con exitoso final, aunque caro precio, la de David y Betsabé. Os dejo con el Halleluyah, que compuso Cohen para esta historia y que John Cale interpreta magnificamente: