Mutismos que proporcionan las esencias de las relaciones. Por los silencios llega la mesura del vínculo del uno y del otro. Silencios que gritan alabando la armonía. La mudez desgarra lo visible para permitirnos viajar a los interiores de una relación.
Cuando el silencio enfría, mal augurio.
Cuando el silencio quema y apacigua, el núcleo permanece fundido.
La imagen de la vicisitud como puente a la fatalidad.
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La naturaleza del ser humano es enigmática, intrincada como puzzle de piezas infinitas. Adentrarse en ciertos elementos es ardua labor ; todo aspecto se supera en sí mismo y desborda cualquier expectativa de aprehensión , pues añadiendo a su propia complejidad, la propia del entorno, los factores se multiplican y el encaje del puzzle se torna inaccesible.
De la atracción entre humanos en la que rigen elementos ininteligibles y es camino de la pasión que domina a la pareja formada, muchos caminos son los posibles para el porvenir, para un mañana con bases de estabilidad o de ruptura, sometido el futuro a las bases previas y a lo deparable por elementos externos.
La fidelidad como compromiso , tan necesaria como atacable, aliarse debe a la razón, pues el humano, en su esencia es débil ante la seducción, el imán de otro ser interpuesto es tan posible como hondamente doloroso cuando el amor perdura y madura en la pareja formada. El nuevo elemento es el explosivo con espoleta. Las consecuencias son ignotas, dispares...y derraman angustia , suplicio, profunda desolación.
Un tema tan " vivido " es el central de una novela, y de muchas otras, pero la que traigo a colación es, quizás, la más completa leída sobre las relaciones humanas en lo pasional, cuando se produce el cruce de enigmáticas relaciones.
Un químico sueco, allá por el siglo XVIII, llamado Bergmann, realizó un riguroso estudio del comportamiento de los elementos químicos y de las atracciones entre estos , formulando un principio : " Attractionibus electivis ". Cierto es que no podemos extrapolarlo de forma exacta a la antropología, pero un escritor ya en edad madura y con gran habilidad para asimilar la naturaleza del ser y de las ciencias, aplicó el citado principio a determinadas relaciones humanas, denominándolo, " Die Wahlverwandtschaften ", en alemán.
Así nace " Las afinidades electivas " de J.W von Goethe que, a la fecha es una obra de plena actualidad, cuya lectura y estudio supone adentrarse en matices sublimes del alma con profunda filosofía y multitud de aspectos: interrelacciones amorosas, la razón, la moral, los impulsos del corazón. La " affinitas " de los cuerpos químicos, trasladada al hombre y la mujer. Amor, pasión, renuncia y muerte . Una continua danza en el misterioso círculo de las afinidades. Heridas de honda pasión, que temen sanar y cerrarse, corazones que temen ser felices.
Existen leyes y normas en lo recóndito y camuflado , poseyendo un poder de seducción del que el hombre no puede librarse. El cruce de pasiones entre elementos se resuelve en soledad. La renuncia o la muerte como único fin, lo que se inicia como ejercicio científico termina en tragedia, permaneciendo el enigma químico-moral.
Por la propia natura del ser humano la pasión le impide completar el amor. Si hay amor verdadero, la pasión y la inclinación pasan a un segundo plano. Sólo la consumación puede curar las grandes pasiones, pero desbordaría la naturaleza del hombre al destruir nuestro estado moral. Las pasiones, como enfermedades recurrentes suponen el triunfo del destino sobre la libertad. Al dejarnos mecer por una pasión, nos alejamos del camino de la moral, y esto implica culpa, y la culpa impide reequilibrar las relaciones y sólo la expiación mediante la renuncia permite el reencuentro con la dignidad moral. Nadie es más esclavo que quien se tiene por libre sin serlo.
Y el enigma continúa. Y el hombre es hombre desde el principio. Quizás una clave esté en el obligado equilibrio razón-corazón.
Para afinidades electivas , con exitoso final, aunque caro precio, la de David y Betsabé. Os dejo con el Halleluyah, que compuso Cohen para esta historia y que John Cale interpreta magnificamente:
Los hogares, espacios que los humanos creamos desde tiempos inmemoriables, como los mochuelos su olivo, nos aislan para unirnos en un desarrollo particular, dentro de la sociedad.
Una casa habla de la familia que la habita, nos ofrece muchos datos sobre las circunstancias sociales y personales.
Hay casas con orden, en otras reina el caos; unas acojedoras, otras frías como témpanos; algunas de exquisita decoración, otras horripilantes; minimalistas o barrocas; llenas de cultura o abarrotadas de telebasura ; grandes o pequeñas; limpias o turbias; soleadas o umbrías; tristes o alegres; tranquilas o ruidosas; viejas ruinas y otras llenas de ilusión ; unas de vaso lleno y otras vacío...
Pero de las casas si hay un lugar sagrado ese es el lecho. El lecho de dos. La cama que une, que inicia el tejido, la de susurros y procreación, de risas y lamentaciones, de congoja y abatimiento, de nuevos despertares. La milagrosa cama de la pareja - ¡ qué milagro de la natura !-, y qué esfuerzo continuar y alimentar el milagro.
El nido comenzado, el nido trabajado, el nido terminado, el nido habitado, vivido, complacido, útil. ¡ No dejen caer el nido!.
Es el lecho en el que los hijos se acurrucan y arrullan como gatos . Dónde yaces como un ovillo entre edredones y amohadones, entre ilusiones y pérdidas, entre el amor , la pasión y el devenir. El lugar de la salud y la enfermedad. De caricias y patadas.
Misterio de la convivencia, la cuna de lo mejor y, a veces, de lo peor. Enigma , porque para ser tal, deben habitarlo las dos personas , requisito sine que non del triángulo: materia y ser. Que dura lo que duran los dos, si uno falta, ya no es el mágico refugio, es un trágico pesar.
Si hay algo que añoro cuendo estoy de viaje, es mi cama. Y quiero homenajear a mi lecho, lecho que si hablara, ¡ Ay cuántas cosas diría !, pero no, la cama silencia, en unión con la pareja como si formara parte de élla.
Mi cama es un reflejo de mi idiosincrasia. Es multicultural, tiene elemenos de distintos espacios del orbe. Es mi parte de mi pasado y mi presente, y Dios lo quiera, siga siéndolo de un largo futuro.