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domingo, 29 de mayo de 2011

DIFERENCIAS ENTRE SERES Y REALIDAD

Alguien , una vez hace años, me sentenció un estado en el que siempre viviría : " no aceptas la realidad, buscas constantemente que esa realidad sea la que tú deseas ".


Ayer pensaba en el dolor que me producen las " diferencias humanas ", madre de conflictos. Algunos reaccionan ante la diversidad con indiferencia, otros atacan, otros la sufren y los menos, la soportan. Excepcionalmente hay alguien que hasta llega a amarlas.

Debo reconocer que personalmente me provocan un amargo desasosiego. Las diferencias son ontológicas y propias del conjunto humano. Entonces siento ese universo que es cada ser dentro de todo el Orbe.

viernes, 23 de julio de 2010

LUCES DEL ESTÍO


De vueltas en la ciudad del asfalto, del calor asfixiante y de las luces que ciegan.
Ese sol casi eterno empalaga los cuerpos y las horas de destellos amarillos obliga a enladrillar los ojos evitando un desquicio mayor.
Con el " Hölderlin " en las manos me dijeron:
- Pero, ¿ qué haces con eso y este calor ?. A Hölderlin sólo se le puede disfrutar en puro invierno, al amparo de una chimenea y una buena copa de whisky.
...
Y sin embargo, el trastorno de la luz me lleva a esas sentencias del " Hiperión " :
...
" Hay un olvido de toda existencia, hay un silenciarse de todo nuestro ser. Cuando se produce es como si lo hubiéramos hallado ya todo.
Hay un silenciarse y un olvido de toda existencia. Cuando se produce es como si lo hubiéramos perdido ya todo, es la noche de nuestra alma en la que ni el brillo de una sola estrella , ni siquiera un madero reseco nos alumbraba. "
...
Y sin embargo, la demasía de luz provoca silencios y olvidos, pues trastorna el alma. Esa luz insoportable induce a que sumes las partes y no obtengas el todo, a que escuches un concierto y falte el violín maestro.
Y vuelvo a mirar por la ventana añorando los dulces días de lluvia intensa, de grises profundos.
Volver a Hölderlin.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

WIEN, WIEN, WIEN !


Mi fascinante Viena:

Aún retengo en mis retinas las luces de tus amaneceres, las más bellas y sublimes. Esa luces que resaltan el verde agua de tantas cúpulas.

Antes de la aurora, esperaba , cada día, desde ese pequeño ático de la Margaretenstraße, el cambio de la noche al día, el prodigioso espectáculo lumínico, y en la ensoñación de lo extraordinario permanecía hasta que el sol despegaba y alcanzaba altura.
Y tus nublados, hezichados, destellantes en la ciudad de los mil colores. Conjunto perfecto en el frío de tus tejados.

Ayer , te recordaba con ansia, Viena, con la codicia de poseerte de nuevo, y que tú, mi amada ciudad, me hagas tuya, en ese lecho, donde la luna sudaba. Mi vaho se revuelca en el tuyo.

Vuelvo a tí, una y otra vez; y cuando me marcho, mi cabeza se vuelve hacia tu enigmática figura, con la esperanza del regreso y la pena profunda de la ida.

Federico García Lorca: Pequeño Vals Vienés

En Viena hay diez muchachas,/
un hombro donde solloza la muerte/
y un bosque de palomas disecadas./
Hay un fragmento de la mañana./
en el museo de la escarcha./
Hay un salón con mil ventanas./

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,/
de sí, de muerte y de coñac/
que moja su cola en el mar./

Te quiero, te quiero, te quiero,/
con la butaca y el libro muerto,/
por el melancólico pasillo,/
en el oscuro desván del lirio,/
en nuestra cama de la luna/
y en la danza que sueña la tortuga./

¡Ay, ay, ay, ay!/
Toma este vals de quebrada cintura./

En Viena hay cuatro espejos/
donde juegan tu boca y los ecos./
Hay una muerte para piano/
que pinta de azul a los muchachos./
Hay mendigos por los tejados,/
hay frescas guirnaldas de llanto./

¡Ay, ay, ay, ay!/
Toma este vals que se muere en mis brazos./
Porque te quiero, te quiero, amor mío,/
en el desván donde juegan los niños,/
soñando viejas luces de Hungría/
por los rumores de la tarde tibia,/
viendo ovejas y lirios de nieve/
por el silencio oscuro de tu frente./

¡Ay, ay, ay, ay!/
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre"./

En Viena bailaré contigo/
con un disfraz que tenga cabeza de río./
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!/
Dejaré mi boca entre tus piernas,/
mi alma en fotografías y azucenas,/
y en las ondas oscuras de tu andar/
quiero, amor mío, amor mío, dejar,/
violín y sepulcro, las cintas del vals.

sábado, 13 de septiembre de 2008

"LA MARAVILLOSA HISTORIA DE PETER SCHLEMIHL"




Como otras muchas veces, desde que te leí, mi querido Peter Schlemihl, hoy he vuelto a mirar mi sombra para cerciorarme que aún está conmigo y no he sufrido disección alguna, que el viejo gris no ha llegado a mi vida y que la soledad es un camino a elegir.

Si no rememoro tu historia, habrá alguno que no nos comprenda y, como tu vida es merecedora del libro que Adelbert von Chamisso escribiera sobre tí, quisiera hoy homenajear al autor, al libro y al personaje que tu representas.

Supones la visión diferente del pacto demoníaco, pues von Chamisso te otorgó trayectoria desigual a la del Fausto. Tu, joven, tímido e inexperto, sin fortuna , tanto que podías " quebrarte la nariz aunque cayeras de espaldas " apeteciste las riquezas mundanas, la vida social y el poder que el oro otorga. Eras la víctima deseable de satanás, y sin que te percataras, con lucifer transformado en viejo de gris vestido, pactaste tu destino. Él te pidió tu sombra a cambio de la bolsa que da oro inagotablemente. Poca resistencia pusiste, para el lastre que sobre tí cayó.

El fascinado Schlemihl escoge la bolsa de los deseos y enseguida surge el momento magnífico en el que el anciano gris se arrodilla y, con admirable habilidad, desprende de la hierba tu sombra, de la cabeza a los pies, la levanta, la enrrolla, la dobla y la guarda en el bolsillo.




Acontece rápido que todo el Mundo advierte que Schlemihl no tiene sombra y tu, encantador Schlemilh, eres objeto de burlas y aborrecimiento. Ocurre a partir de ese momento que adquieres una aparente existencia privilegiada que el dinero concede , pero ¡ ay de tí !, es míserable en los sentimientos, solitaria a causa del sombrío secreto que te consume.

Perdiste la sombra, la posibilidad de la luz, la patria, quedaste dividido en lo corpóreo, pero nunca dejaste escapar tu alma.

Querías amar y ser amado, y tu ser ya marcado y condenado rebosa de amor hacia la muchacha pura e inocente . Tu conciencia se revuelve en remordimientos, y élla intenta penetrar en tu secreto:

" ¡ Si eres infortunado, úneme a tu miseria, para que te ayude a soportarla ! "


Y tu, Schlemilh no puedes más que confesar los versos más bellos y tristes:

" Me dices que te lo cuente,

y me lo pones tan difícil,

te miro y tiembla todo mi ser "

Terminas huyendo del hombre, de la sociedad, nunca regresarás a esa sociedad y nunca recuperaste tu sombra. A cambio de la pérdida de la posible felicidad burguesa, el azar te transfiere a la Naturaleza y pones tu vida al servicio de la ciencia. Realizas colosales viajes por todo el orbe , descubriste tierras inexploradas y pusiste al servicio de la humanidad numerosos hallazgos en botánica y zoología, y tomaste las debidas medidas para que , una vez murieras, tus manuscritos reposaran en la universidad de tu amada Berlín.

No quiero despedirme, amigo que tanto me has enseñado, sin recordarte algunos párrafos de la carta que un día te escribiera tu autor , tu adicto y alter ego Adelbert von Chamisso, ya en el ocaso de su vida:

" La sombra, quisiera preguntar, qué es eso,
tal como tantas veces a mí me preguntaron,
y cómo es que este mundo tan bellaco
no deja de tenerle súblime estimación.
Han amanecido diecinuevemil días sobre nuestras cabezas
trayéndonos sabiduría,
y nosotros, que hemos dado ser a las sombras,
vemos hoy a los seres como sombras desfigurarse.

Berlín, agosto de 1834. "

lunes, 17 de diciembre de 2007

DIECIOCHO DE DICIEMBRE







Dieciocho de Diciembre es el día de la Esperanza.

Aparte de lo que ,para mí, sucedió un dieciocho de Diciembre de hace años , hoy es un día como los demás, con alegrías para unos, tristezas para otros, monónoto para muchos...la Parca visitará a bastantes... y romperá el corazón de multitudes. Melancolías, problemas materiales, desánimos, desilusiones, turbaciones, malas acciones y unas pocas buenas , temores, inquietudes, risas, llantos... la vida .
Pero hoy en mi mente se enfrentan dos cuestiones diferentes y en cierta forma unidas ; por una parte he iniciado este escrito con el día de la Esperanza, pero a su vez, aparece fuertemente en mi interior otro concepto, el de la inquietud.
La inquietud a la que me refiero no es ese alboroto o conmoción positiva del ánimo, ni a esa inclinación hacía algo determinado, no. Es el desasosiego, la desazón, la falta de paz interior , lo que me ronda.
De ese concepto negativo de inquietud, varios grados hay, desde un leve desazón, a una gran turbación que ciega al ser humano.

Del grado grave, recuerdo lo que un día, sobre élla, leí en Goethe, pues no tiene desperdicio.


Goethe, la INQUIETUD en su obra "Faust":

MEDIA NOCHE
Entran CUATRO MUJERES CANOSAS
LA PRIMERA.- Yo me llamo Escasez.
LA SEGUNDA.- Yo me llamo Deuda.
LA TERCERA.- Yo me llamo Inquietud.
LACUARTA.- Yo me llamo Miseria.
TODAS MENOS LA INQUIETUD.- Cerrada está la puerta; no podemos entrar. Ahí dentro vive un rico; no queremos entrar.
.../...
LA INQUIETUD.- Vosotras , hermanas, no podéis, ni osáis entrar. La inquietud, por su parte , se introduce furtivamente por el ojo de la llave . ( LA INQUIETUD desaparece.)
.../...
LAS TRES.- Pasan las nubes, desaparecen las estrellas. ¡Allí detrás, allí detrás! De lejos, de lejos, allí viene nuestra hermana; allí viene ella...la Muerte.
.../...
LA INQUIETUD.-
A aquel que está una vez en mi poder, de nada le sirve el mundo entero; para él desciende una eterna lobreguez; para él no sale ni se pone el sol; teniendo sentidos exteriores perfectos, anidan las tinieblas en su interior. De ningún tesoro sabe ponerse en posesión. Felicidad y desdicha resultan quimeras; se muere de hambre en el seno de la abundancia; sean delicias, sean pesares, todo lo remite al día de mañana ; sólo está atento a lo porvenir, y así no acaba nunca.
.../...
FAUSTO.- ¡ Fantasmas funestos! ¡ Ved ahí cómo tratáis mil veces al linaje humano! Aún los días indiferentes los transformáis en odioso revoltillo de entrelazados tormentos.
De los demonios bien lo sé, dificilmente uno se libra ; no hay medio de romper el estrecho lazo espiritual ; más tu poder, ¡ oh Inquietud!, que se agranda de un modo imperceptible, no lo reconozco.
LA INQUIETUD.- Experiméntalo ahora que, maldiciéndote, me alejo de ti. Los hombres son ciegos durante toda la vida. Al presente, ¡oh Fausto! , sélo tú al fin.
( Le sopla en el rostro y desaparece.)

Pobre del hombre a quién la Inquietud le sople en el rostro y ciego lo deje. No encontrará la paz interior tan deseada. ¿Le quedará Esperanza?. Esperanza de que el velo caiga, de percibir otros colores, de sentir el deseado sosiego, de creer como posible lo deseado.


Para la paz, la quietud ... es necesaria la claridad que nos da la fe, que nos lleva a la Esperanza.