
Mi ser otrora hallábase pleno; bastó una firma, una singular rúbrica precedida de una interminable espera , para que un notario nos uniera para siempre. ¡ Oh ! ¡ Cuánto amor desde el mágico momento ! , mi vida entregada a tí: mi banco, mi deuda . Me colmas, hipoteca de mi vida. Así ya no necesito nada, sólo lo mínimo para una subsistencia casi ermitaña , pero no en natura, sino entre los muros de la celda de panal que mi amada hipoteca me facilita.
Quiero rendirte homenaje, caer a tus pies, has cambiado tanto mi vida que no soy , somos tú y yo. Desprecio el gasto, mis ropas son ya tan sencillas que parecen etéreas; mi alimento es mínimo. No recuerdo un homenaje en restaurante alguno, porque tú, amada mía, me has liberado de lo material, por lo más material.
Fidelidad absoluta te debo, eres el centro de nuestra familia. Nuestro amor es tan sincero que no cabe infidelidad alguna.
Y ese día del mes en el que vences y yo, con ternura y corazón palpitante, me dirijo a tí, a tu semblante en el banco , y te rindo pleitesía, cumpliendo mis obligaciones... ¡ mi satisfacción crece en inversa proporción a mi prosperidad económica !, pero todo por tí, mi ídolo.
Mi historia ya te pertenece y mi porvenir de tí pende. Quizás por seguir a tu lado, de todo haría. Mira la imagen, fuere donde fuese y hasta de mujer sponsor feliz sería.
