
Los hogares, espacios que los humanos creamos desde tiempos inmemoriables, como los mochuelos su olivo, nos aislan para unirnos en un desarrollo particular, dentro de la sociedad.
Una casa habla de la familia que la habita, nos ofrece muchos datos sobre las circunstancias sociales y personales.
Hay casas con orden, en otras reina el caos; unas acojedoras, otras frías como témpanos; algunas de exquisita decoración, otras horripilantes; minimalistas o barrocas; llenas de cultura o abarrotadas de telebasura ; grandes o pequeñas; limpias o turbias; soleadas o umbrías; tristes o alegres; tranquilas o ruidosas; viejas ruinas y otras llenas de ilusión ; unas de vaso lleno y otras vacío...
Pero de las casas si hay un lugar sagrado ese es el lecho. El lecho de dos. La cama que une, que inicia el tejido, la de susurros y procreación, de risas y lamentaciones, de congoja y abatimiento, de nuevos despertares. La milagrosa cama de la pareja - ¡ qué milagro de la natura !-, y qué esfuerzo continuar y alimentar el milagro.
El nido comenzado, el nido trabajado, el nido terminado, el nido habitado, vivido, complacido, útil. ¡ No dejen caer el nido!.
Es el lecho en el que los hijos se acurrucan y arrullan como gatos . Dónde yaces como un ovillo entre edredones y amohadones, entre ilusiones y pérdidas, entre el amor , la pasión y el devenir. El lugar de la salud y la enfermedad. De caricias y patadas.
Misterio de la convivencia, la cuna de lo mejor y, a veces, de lo peor. Enigma , porque para ser tal, deben habitarlo las dos personas , requisito sine que non del triángulo: materia y ser. Que dura lo que duran los dos, si uno falta, ya no es el mágico refugio, es un trágico pesar.
Si hay algo que añoro cuendo estoy de viaje, es mi cama. Y quiero homenajear a mi lecho, lecho que si hablara, ¡ Ay cuántas cosas diría !, pero no, la cama silencia, en unión con la pareja como si formara parte de élla.
Mi cama es un reflejo de mi idiosincrasia. Es multicultural, tiene elemenos de distintos espacios del orbe. Es mi parte de mi pasado y mi presente, y Dios lo quiera, siga siéndolo de un largo futuro.
