
Como otras muchas veces, desde que te leí, mi querido Peter Schlemihl, hoy he vuelto a mirar mi sombra para cerciorarme que aún está conmigo y no he sufrido disección alguna, que el viejo gris no ha llegado a mi vida y que la soledad es un camino a elegir.
Si no rememoro tu historia, habrá alguno que no nos comprenda y, como tu vida es merecedora del libro que Adelbert von Chamisso escribiera sobre tí, quisiera hoy homenajear al autor, al libro y al personaje que tu representas.
Supones la visión diferente del pacto demoníaco, pues von Chamisso te otorgó trayectoria desigual a la del Fausto. Tu, joven, tímido e inexperto, sin fortuna , tanto que podías " quebrarte la nariz aunque cayeras de espaldas " apeteciste las riquezas mundanas, la vida social y el poder que el oro otorga. Eras la víctima deseable de satanás, y sin que te percataras, con lucifer transformado en viejo de gris vestido, pactaste tu destino. Él te pidió tu sombra a cambio de la bolsa que da oro inagotablemente. Poca resistencia pusiste, para el lastre que sobre tí cayó.
El fascinado Schlemihl escoge la bolsa de los deseos y enseguida surge el momento magnífico en el que el anciano gris se arrodilla y, con admirable habilidad, desprende de la hierba tu sombra, de la cabeza a los pies, la levanta, la enrrolla, la dobla y la guarda en el bolsillo.

Acontece rápido que todo el Mundo advierte que Schlemihl no tiene sombra y tu, encantador Schlemilh, eres objeto de burlas y aborrecimiento. Ocurre a partir de ese momento que adquieres una aparente existencia privilegiada que el dinero concede , pero ¡ ay de tí !, es míserable en los sentimientos, solitaria a causa del sombrío secreto que te consume.
Perdiste la sombra, la posibilidad de la luz, la patria, quedaste dividido en lo corpóreo, pero nunca dejaste escapar tu alma.
Querías amar y ser amado, y tu ser ya marcado y condenado rebosa de amor hacia la muchacha pura e inocente . Tu conciencia se revuelve en remordimientos, y élla intenta penetrar en tu secreto
:" ¡ Si eres infortunado, úneme a tu miseria, para que te ayude a soportarla ! "
Y tu, Schlemilh no puedes más que confesar los versos más bellos y tristes:
" Me dices que te lo cuente,
y me lo pones tan difícil,
te miro y tiembla todo mi ser "
Terminas huyendo del hombre, de la sociedad, nunca regresarás a esa sociedad y nunca recuperaste tu sombra. A cambio de la pérdida de la posible felicidad burguesa, el azar te transfiere a la Naturaleza y pones tu vida al servicio de la ciencia. Realizas colosales viajes por todo el orbe , descubriste tierras inexploradas y pusiste al servicio de la humanidad numerosos hallazgos en botánica y zoología, y tomaste las debidas medidas para que , una vez murieras, tus manuscritos reposaran en la universidad de tu amada Berlín.
No quiero despedirme, amigo que tanto me has enseñado, sin recordarte algunos párrafos de la carta que un día te escribiera tu autor , tu adicto y
alter ego Adelbert von Chamisso, ya en el ocaso de su vida:
" La sombra, quisiera preguntar, qué es eso,
tal como tantas veces a mí me preguntaron,
y cómo es que este mundo tan bellaco
no deja de tenerle súblime estimación.
Han amanecido diecinuevemil días sobre nuestras cabezas
trayéndonos sabiduría,
y nosotros, que hemos dado ser a las sombras,
vemos hoy a los seres como sombras desfigurarse.
Berlín, agosto de 1834. "