viernes, 23 de julio de 2010

LUCES DEL ESTÍO


De vueltas en la ciudad del asfalto, del calor asfixiante y de las luces que ciegan.
Ese sol casi eterno empalaga los cuerpos y las horas de destellos amarillos obliga a enladrillar los ojos evitando un desquicio mayor.
Con el " Hölderlin " en las manos me dijeron:
- Pero, ¿ qué haces con eso y este calor ?. A Hölderlin sólo se le puede disfrutar en puro invierno, al amparo de una chimenea y una buena copa de whisky.
...
Y sin embargo, el trastorno de la luz me lleva a esas sentencias del " Hiperión " :
...
" Hay un olvido de toda existencia, hay un silenciarse de todo nuestro ser. Cuando se produce es como si lo hubiéramos hallado ya todo.
Hay un silenciarse y un olvido de toda existencia. Cuando se produce es como si lo hubiéramos perdido ya todo, es la noche de nuestra alma en la que ni el brillo de una sola estrella , ni siquiera un madero reseco nos alumbraba. "
...
Y sin embargo, la demasía de luz provoca silencios y olvidos, pues trastorna el alma. Esa luz insoportable induce a que sumes las partes y no obtengas el todo, a que escuches un concierto y falte el violín maestro.
Y vuelvo a mirar por la ventana añorando los dulces días de lluvia intensa, de grises profundos.
Volver a Hölderlin.

5 comentarios:

Miguel Aguilera dijo...

Es llamativo como cada ser humano se vincula de una manera especial con alguna estación climática del año según la edad que atraviese en su vida. Todos tenemos distintos conectores invisibles; sensores, que envidiaría cualquier ingeniero electrónico, que nos permiten activar nuestro yo interior enlazándolo con la vida y el tiempo.

En medio de la luz cegante:


Canto del destino de Hiperión

Vagáis arriba en la luz,
en blando suelo, ¡genios felices!
brisas de Dios, radiantes,
suaves os rozan
como los dedos de la artista
las cuerdas santas.

Sin sino, como infantes
que duermen, respiran los dioses;
resplandecen
en casto capullo guardados
sus espíritus
eternamente.
Y en sus ojos beatos
brilla tranquilo
fulgor perpetuo.

Mas no nos es dado
en sitio alguno posar.
Vacilan y caen
los hombres sufrientes,
ciegos, de una
hora en la otra,
como aguas de roca
en roca lanzados,
eternamente, hacia lo incierto.

La Rata Paleolítica dijo...

El exceso de luz brillante, que nos hace añorar más de la cuenta esos grises, y los excesos de grises profundos, que nos llevan a la añoranza de la luz más de lo necesario.
Me viene al pensamiento una persona que debido al lugar donde vive, con abundancia de esos grises profundos, añora melancólicamente la luz.
Y tanto lo uno como lo otro es bueno que estén ahí, pero con cierto equilibrio y sin demasiados excesos que lleven al hartazgo y la apatía.
Desde luego que los dulces días de lluvia con sus grises profundos llegarán; Siempre llegan, así como los de luz.
Aunque a veces no nos lo parezca, o no seamos demasiado conscientes de ello, las cosas suceden en nuestras vidas un número limitado de veces; Así que quizás sea buen negocio procurar disfrutar de ellas cuando se tienen.

Siempre haces pensar, de una forma u otra. Y eso es bueno. Como siempre, un placer pasear por aquí.

Jesús.

Morgenrot dijo...

Miguel, el poema hacen saltar las lágrimas por su inmensa belleza y certeza. Somos los títeres vulnerables de lo efímero.

Tus palabras sobre los efectos de la luz me hacen pensar en lo grande y pequeños que somos los humanos.

Gracias por tan acertado comentario con " La Poesía " enlazada.

Besos con destino incierto y luces de sombras.

Morgenrot dijo...

Jesús, el placer es mío por tus visitas que siempre dejan huellas.

Eres positivo y realmente me haces ver que los contrastes son buenos y que los días de lluvia, mis favoritos , son contados.

Ahora estoy lejos de mi ciudad, mil kilómetros al norte, buscando otras luces que apaguen la sed de grises. Cuando vuelva a mi tierra, amarillo fuego, recordaré tus palabras e intentaré mirar al mismo deslumbramiento con una perspectiva más poética.

Besos fuertes desde...Galicia.
N.b.: Cuando regrese al sur, o antes, no sé, quizás escriba sobre las anécdotas de las almas en un viaje cualquiera. Reitero besos muy fuertes y gracias.

Julio César Vargas Bejarano dijo...

Querida Aurora:
Esta semana estuve en Medellín. He avanzado en mis reflexiones sobre el tema del amanecer, y sobre la noche y la oscuridad. Tengo deseos de escribirte con mayor detalle al respecto. Me parece muy acertada esta reflexión tuya y el pasaje de Hölderlin resulta - como siempre - iluminador.
¿Quién es el autor de esta pintura del Sol?
Ya te escribiré con mayor detalle.
Con mi afecto,
Julio C. Vargas.